
¿Cuál es la diferencia entre Funko y Pop Mart en sentido estricto y comercial?
Cuando quien se dedica al coleccionismo profesional pregunta por la diferencia entre Funko y Pop Mart, busca algo más que datos superficiales: necesita entender cómo operan cada una en diseño, estrategia de mercado y experiencia del coleccionista.
En lo estricto, Funko es una empresa estadounidense nacida en 1998, transformada en icono global gracias a los Pop! Vinyl lanzados a partir de 2010. Sus figuras, reconocibles al instante: cabezas grandes, ojos uniformes y cuerpo compacto con una estética chibi inspirada en el manga. La identidad visual es uniforme, con miles de licencias que abarcan desde Star Wars o Marvel hasta franquicias clásicas de Nickelodeon o la NBA. La producción es rápida —de concepto a estantería en unos 70 días—, enfocada en capitalizar tendencias de cultura pop mediante lanzamientos frecuentes y colaboraciones oficiales con grandes estudios.
Pop Mart, en cambio, surgió en Beijing en 2010 con vocación distinta. Su modelo gira en torno a creaciones originales o colaboraciones artísticas —como Molly, Dimoo o Skullpanda— que se venden principalmente en formato de caja ciega (“blind box”), donde el contenido se descubre al abrirlo. La estética varía según cada línea de personajes y busca un tono emocional o artístico más flexible, no sujeto a proporciones rígidas.
En el terreno comercial, Funko construye la fidelidad del coleccionista ofreciendo figuras visibles en su empaque, con variaciones conocidas como “Chase” que se insertan en menor proporción (1:36 o 1:6) y ediciones exclusivas para convenciones o retailers como Target o Hot Topic. La experiencia es directa, la pieza se ve antes de comprarse y el diseño es casi idéntico entre franquicias.
Pop Mart, en cambio, propone una experiencia basada en sorpresa y narrativa: los compradores no saben qué figura obtendrán hasta abrir la caja, y toda la estrategia de lanzamiento se apoya en series temáticas (‘The Monsters’, ‘Labubu’, ‘Molly’), diseñadas por artistas con identidad visual potente. Algunas variantes secretas dentro de la serie tienen producción limitada, lo que realza el componente de coleccionismo visual.

Este enfoque ha resultado especialmente eficaz con generaciones jóvenes. En 2024 y 2025, Pop Mart ha duplicado sus ventas e ingresos, impulsado en gran parte por el éxito global del personaje Labubu. Esto ha sido acompañado por reconocimiento mediático, colaboraciones con celebridades como Rihanna, Dua Lipa o Lisa de Blackpink y un modelo de ventas que fusiona cultura de diseño, moda y coleccionismo contemporáneo.
Desde lo estratégico, Funko apunta a saturar el mercado con licencias entregadas rápidamente, aprovechando fanbases consolidadas y ofreciendo figuras fácilmente reconocibles. Pop Mart, por su parte, crea pequeños universos de personajes, lanzados en oleadas limitadas en tiendas físicas, máquinas expendedoras Roboshop, tiendas propias o plataformas online, generando expectación en cada serie.

En términos de experiencia para coleccionistas de alto rendimiento, Funko sobresale cuando se trata de piezas respaldadas con licencias prestigiosas, variantes catalogadas, exclusivas firmadas o versiones numeradas. Pop Mart, sin embargo, se posiciona como una opción de diseño contemporáneo que añade valor conceptual a colecciones que buscan innovación estética más que franquicia conocida.
Así, la diferencia queda clara incluso visualmente: un Funko Pop! conserva la familiaridad y consistencia; un Pop Mart ofrece sorpresa, narrativa visual y diseño diferenciado. En un catálogo profesional, entender estas diferencias permite calibrar qué piezas encajan en una colección que combine reconocimiento de marca con piezas que constituyan verdadero statement artístico.
La estructura formal de Funko permite construir colecciones amplias de personajes populares, mientras que Pop Mart invita a coleccionar series completas de autor, con variantes y personajes nuevos que emergen del diseño. Por eso, al integrar piezas de ambas compañías en colecciones de ticket alto, se puede lograr un equilibrio entre emblemáticos personajes con licencia y piezas artísticas que agregan carácter propio.





